Mi Internet

Sinclair Spectrum ZX

Retomo mi bitácora. La retomo, la rebautizo, la renazco, … dejemos descansar a la anterior.

Animado por la invitación de educ@conTIC para celebrar el Día de Internet, os cuento mi relación con la Red, que, como no soy tan joven como mi amigo “Meteco” que anda por el mundo deestranjis viene ya de hace unos cuantos años.

Debió ser allá por el curso 82/83 cuando compré el primer ordenador: un Sinclair Spectrum ZX de 48 K. Con teclas de goma, que duraron bien poco. Era de los primeros que llegaba al pueblo. Y todavía me acuerdo de las carcajadas de mis compañeros cuando les contaba todo lo que en un futuro cercano se podría hacer con esas máquinas. Yo había participado el verano anterior en un curso con la gente del Instituto Somosaguas -NNTT y MAV’s (nuevas tecnologías y medios audiovisuales) donde un tipo increíble, lástima no recuerdo el nombre, nos había contado que los americanos disponían ya de tecnología capaz “de fotografiar desde sus satélites el reloj de un paseante en cualquier lugar del mundo“.  Él juraba haber visto una tomada a un turista en la Plaza del Vaticano “…y se distinguía la hora“.  También nos contó que se estaban empezando a diseñar rutinas para “las computadoras” que harían que los niños y niñas aprendieran de forma más amena, se conectaran con el mundo, se cartearan con los de otros colegios. Tendrían  en unas cuantas cintas de cassette la información de millares de libros, y acceso a las bibliotecas y museos, …” cuando empiecen a llegarnos los deshechos de la industria militar -decía – cuando le empiece la industria civil a ganar dinero, a convertirlo en producto de consumo masivo”,

Yo, pobre TIC-tiritero, me lo creía todo. Y se lo contaba a mis compañeros, serios señores maestros de toda la vida, de pueblo pero ilustrados, que se reían de mí a carcajada limpia, y me escuchaban como al gracioso que cuenta un chiste.

Los programas y juegos, que venían en cintas, se instalaban desde un cassette externo. Pero lo mejor, lo que me hizo perder horas y horas de sueño fue la aparición de la revista microhobby, que empezó a publicar esas rutinas (código máquina decían – Basic lo llamaban otros) que había que teclear renglón a renglón.

Pude preparar pequeños programas para jugar con las mates o la ortografía, y para que jugaran mis niños… Y disfrutaban. Y yo también.

Luego llegaron aparatos mejores, con más K, sí Kb. El mega no se había inventao todavía. Y  El Corte Inglés fabricó los primeros con teclas de verdad, con el cassette incorporao y 128 Kb. Y luego con disquetera y empezó la cosa a ir a buen ritmo. No te digo ná cuando salieron los primeros 256. Con aquella pantalla verde. Nada de conectarlo a la tele. Y cuando las pantallas fueron a todo color ya fue la hostia.

Era curioso. Recuerdo que llegando los noventa siempre había algún aparato “top gama” en torno a las 250/300 mil pesetas. Que al año, año y medio siguiente ya estaba obsoleto.

Y llegó el Plan Alhambra, y se empezó a hablar de la introducción del ordenador en el aula,… y mis compañeros se siguieron riendo a carcajadas. ¿Cómo? El maestro es el maestro. Y todas esas pamplinas de vídeo y computadoras no eran más que jueguecitos que no valían pa ná.

Con los 90 llegó Internet. Y se me abrió otro mundo. La capacidad para investigar, encontrar información, aprender, aprender, … Me inicié en la creación de páginas web y blogs y me sentí crecer. Y lo que es mejor. Pude ver que había mucha más gente que trabajaba mucho y muy bien con las TIC.

Llegado el S XXI,  gracias a Internet, mis alumnos y alumnas (mis “guiris”) nos enseñaron su mundo a mí, a sus compañeros y a sus compañeras. Y pudieron conectar con sus amigos, a miles de kms desde clase. Y colgaron sus trabajos para que sus abuelos y tíos vean lo bien que trabajan. Se han motivado, han escrito para que los/as lean, han creado una radio,…

Y luego llegó la web 2.0, y las redes, y el twitter, y he conocido a más y más gente que sueña, como yo, con una escuela en la que todos y todas trabajemos en red, conectados, completándonos unos a otras, compartiendo. Gente de la que aprendo cada día algo.

Hace ya mucho tiempo que ver el reloj de un turista fotografiado por un satélite no sorprende a nadie. Podemos pasear por cualquier ciudad gracias al cochecito de Google sin movernos del sillón. Los GPS nos guían hasta el fin del mundo. Podemos hablar con nuestros amigos viéndonos las caras estén donde estén. Podemos instalar nuestra propia emisora de tv y retransmitir cualquier evento con un portátil y una conexión. Vivimos un mundo que ni en mis mejores sueños pude vislumbrar. Que me sigue sorprendiendo. Que me estimula.

Pero todavía oigo a mi alrededor cierto murmullo de risotadas de quienes (“objetores informáticos”) siguen defendiendo que todo esto no son más que pamplinas y pérdidas de tiempo que impiden “dar el programa”.

La diferencia está en que ahora yo no soy “el raro”. Yo empiezo a ser la norma, uno más del montón. Que sigue creciendo. Que sigue buscando(se).

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