Archivo mensual: octubre 2010

Sobre Halloween, tradición, identidad y otros miedos.

Vaya por adelantado que a mí no me desagrada este aquelarre colectivo de pacotilla que montamos cada año coincidiendo con el cambio de hora. Tampoco es que me entusiame, pero si se tercia hacer el gilipollas disfrazado de vampiro, voy y lo hago.

Cuando se acerca esta fecha mucha gente empieza a temblar. Much@s docentes también. Y no es por el miedo que les pueda provocar tant@ gótic@ suelt@ por la calle.  Se ha generado un debate en las escuelas e institutos entre defensor@s
y detractor@s de esta fiesta.  Debate perdido de antemano por est@s últim@s. Poderoso caballero es don dinero, y este montaje  mueve muchos euros.

Puede parecer en principio un debate inocente y sin ninguna importancia, pero yo creo que no lo es. Me explico:

Hay quien expresa su desagrado por la estética que se exhibe, por el coñazo de tanto niño pidiendo truco o traco, por lo idiota que puede resultar ver a pandillas de quinceañer@s soltando adrenalina disfrazados de muertos vivientes, enfermeras descuartizadas, vampiros y otras pamplinas.  Y más estúpido aún verlo en gente hecha y derecha. Nada que objetar. Sobre gustos no hay nada decretado y cada cual gestiona el suyo como quiere y como le dejan.

Hay quien expresa su preocupación por la invasión neoimperialista yankyee disfrazada de calabaza. El culto al consumismo.  El gasto innecesario en disfraces y fiestas , …  De acuerdo con ell@s. Absoltamente de acuerdo. La escuela no puede ser cómplice pasiva. No debería fomentarse desde la institución escolar ese tipo de fiestas así sin más, ni propiciar el consumo  irracional y desenfrenado, ni en esta, ni en ninguna otra fecha del año. Debería aprovecharse esta, y todas las fechas que los grandes almacenes señalan como hitos del consumo para promover entre el alumnado, padres, madres, profesorado y demás personal una actitud más responsable, reflexiva y crítica. Lo que me llama poderosamente la atención es leer este tipo de quejas contra el consumismo irracional del “Jalobin” escritas en twitter desde  un flamante y recién adquirido objeto del deseo con manzanita al dorso por quien posiblemente cambia de móvil cada ocho o diez meses y procura estar a la última en gadgets y aparatejos.

Por último, y ahora sí me pongo serio, está la queja identitarista. Es esa que dejan caer, no digo yo que con mala intención, quienes “se entristecen por la pérdida de nuestras costumbres y tradiciones”. Sí de las nuestras.

Y me pregunto yo… ¿las costumbres y tradiciones de quién? Yo no identifico como mía la costumbre de ir al cementerio a “adecentar” la tumba de ningún antepasado con fecha fija, una vez al año.  Yo me acuerdo de mis muertos más queridos cuando menos me lo espero. Me acuerdo de mi padre cuando gana el Barça, o cuando paseo por algún lugar que sé que le gustaba, o cuando sale Galicia en la tele, en miles de detalles y ocasiones… y le dedico mi recuerdo.  Y me acuerdo de mi suegro cuando me como un chuletón con un buen vino, como a él le gustaba. Y me  acuerdo de mi hermana que no conocí porque murió antes  de yo nacer por el dolor de mi madre que no la ha abandonado ni un sólo día desde entonces.

No, yo no necesito un día de los difuntos para acordarme de los míos. Ni quiero que nadie tenga que venir a acordarse de mí una vez al año, ni a cuidar mi tumba cuando yo ya no esté entre los vivos. Yo no doy por mía la necesidad de oir misa por todos los santos. Bueno de oir misa a secas. Respeto a quienes sí lo hacen, pero no es mi costumbre, ni mi tradición. Tampoco me gusta darme un hartón de castañas asadas. Prefiero pasear entre castaños, cualquier día de otoño sólo por pasear. Y prefiero el Whisky o el Ron  al Anís  y el Aguardiente ¿Quiere eso decir que no soy uno de los vuestros? ¿uno de los suyos?¿uno de cuáles?

Cuando la pertenencia al grupo se empareja con la exigencia de respeto  ciego a  las normas y usos, a la costumbre, a la tradición, se produce la asfixia, se impide el crecimiento como personas dueñas de su destino a los miembros del grupo, se somete la libertad del individuo a la supervivencia del  imaginario ideal del grupo. Frente a la tradición así entendida no queda más salida que la  propuesta  por Serrat “escapad gente tierna que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dió ayer, (…)  si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas juro por lo que fui que me iría de aquí” (Pueblo Blanco)

¿Qué hay detrás de esa defensa de lo nuestro frente a lo del otro? Bueno pues hay para otro post.

Yo de momento disfruto de saber que hay otras formas de entender el mundo, la vida y la muerte. Que hay otras maneras de vivir el miedo, de expresar y de relacionarse con el más allá. Y hasta de no creer en el más allá. Pero la tradición, ninguna tradición  puede convertirse en un ancla que deje  varado al individuo entre los suyos y le impida ser y celebrar lo que quiera y como quiera. La tradición así entendida no permite salir de la tribu. No permite crecer al individuo. Y no hay ningún pueblo que admita que otra forma de ver el mundo es mejor que la suya.

¿Y cual debería ser el papel de la escuela entonces en este debate?

En mi opinión, dejar crecer. Ser neutral. No aferrar/se a ninguna “tradición”. Mostrar, dar a conocer, fomentar la curiosidad por saber cómo es la visión de  quienes vienen o viven en otros lugares, permitir que se hagan visibles, que se conozcan, “vivan” y se adueñen, hagan suyas otras formas de ver y entender el mundo y fomentar el espíritu crítico porque no todo uso, costumbre o tradición es asumible ni respetable por  el simple hecho de serlo. Algunas son abominables.

Esa visión de la tradición y la identidad sí me da miedo.

Pero seguimos otros día que ahora me voy a pasear, vivo en la Costa del Sol  (Británicos a punta pala) y sería un crimen no aprovechar la noche. Así que querido lector, si es que existes, con Serrat te dejo que “antes que nada soy partidario de vivir”.

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Working On A Dream con iCOBAE

Hace rato que no te escribo, querido y paciente lector, si es que existes.

Me entretengo dando tumbos, TICtiritero soy, por esos vericuetos del sistema que especialmente a principios de curso nos bloquea con infinidad de tareas, reuniones, actividad a veces repetitiva, a veces innecesaria, y muchas más veces poco eficaz. ¿Encontraremos alguna vez el equilibrio entre el esfuerzo realizado y los logros que alcanzamos?

Entre visitas a centros, reuniones mil, papeles para enterrar a un Faraón, entrevistas con profes que quieren formar GT o FC,  se me van las horas.  Muchas horas. Pero las disfruto. Aprendo. Aprendo mucho de cada compañero o compañera que me explica su propuesta. Aprendo con quienes asisten a las actividades que organizamos, porque casi siempre aportan tanto o más de lo que se llevan. Aprendo con los y las ponentes que contratamos en nuestro CEP para  esas actividades, excelentes todos/as. Pero si tuviera que señalar a quienes más me han aportado en este aprendizaje continuo, si me divierto aprendiendo, si disfruto con sus ocurrencias y viendo cómo entusiasman al profesorado, cómo transmiten ilusión y ganas de hacer, de innovar, de mejorar,… Si hay unos ponentes que espero como agua de mayo, esos son M. Angel Ariza y Fernando Trujillo. 50% cada uno de ellos del grupo iCOBAE.

Me encanta su propuesta, y su estilo. Hacen lo que predican. Y predican que enseñar no es impartir contenidos. Predican que enseñar es poner en marcha procesos en los que se movilicen las capacidades del alumnado. Y eso es lo que hacen. Con una habilidad increíble, hacen que el profesorado asistente a sus cursos sean los protagonistas, los que investigan, se documentan, proyectan, diseñan, ponen en marcha procesos y los evalúan, los comparten con otros centros, y en la última sesión los exponen. Con ellos uno comprueba que otra formación es posible.

Este fin de semana pasado iniciamos con ellos el proceso de formación de grupos interesados en liderar en sus centros el proceso de programación por Competencias. El diseño y puesta en práctica de Tareas Integradas. Y otra vez cobrarán por hacer trabajar a otros  ¡No me digas que eso no es arte!

Debajo os dejo un pequeño montaje ilustrativo de como se desarrollaron las sesiones de trabajo. Para mí, tener la oportunidad de compartir estos momentos con ponentes y profesorado es como estar, en palabras de Bruce Springsteen,  “Working On A Dream”