Sobre Halloween, tradición, identidad y otros miedos.

Vaya por adelantado que a mí no me desagrada este aquelarre colectivo de pacotilla que montamos cada año coincidiendo con el cambio de hora. Tampoco es que me entusiame, pero si se tercia hacer el gilipollas disfrazado de vampiro, voy y lo hago.

Cuando se acerca esta fecha mucha gente empieza a temblar. Much@s docentes también. Y no es por el miedo que les pueda provocar tant@ gótic@ suelt@ por la calle.  Se ha generado un debate en las escuelas e institutos entre defensor@s
y detractor@s de esta fiesta.  Debate perdido de antemano por est@s últim@s. Poderoso caballero es don dinero, y este montaje  mueve muchos euros.

Puede parecer en principio un debate inocente y sin ninguna importancia, pero yo creo que no lo es. Me explico:

Hay quien expresa su desagrado por la estética que se exhibe, por el coñazo de tanto niño pidiendo truco o traco, por lo idiota que puede resultar ver a pandillas de quinceañer@s soltando adrenalina disfrazados de muertos vivientes, enfermeras descuartizadas, vampiros y otras pamplinas.  Y más estúpido aún verlo en gente hecha y derecha. Nada que objetar. Sobre gustos no hay nada decretado y cada cual gestiona el suyo como quiere y como le dejan.

Hay quien expresa su preocupación por la invasión neoimperialista yankyee disfrazada de calabaza. El culto al consumismo.  El gasto innecesario en disfraces y fiestas , …  De acuerdo con ell@s. Absoltamente de acuerdo. La escuela no puede ser cómplice pasiva. No debería fomentarse desde la institución escolar ese tipo de fiestas así sin más, ni propiciar el consumo  irracional y desenfrenado, ni en esta, ni en ninguna otra fecha del año. Debería aprovecharse esta, y todas las fechas que los grandes almacenes señalan como hitos del consumo para promover entre el alumnado, padres, madres, profesorado y demás personal una actitud más responsable, reflexiva y crítica. Lo que me llama poderosamente la atención es leer este tipo de quejas contra el consumismo irracional del “Jalobin” escritas en twitter desde  un flamante y recién adquirido objeto del deseo con manzanita al dorso por quien posiblemente cambia de móvil cada ocho o diez meses y procura estar a la última en gadgets y aparatejos.

Por último, y ahora sí me pongo serio, está la queja identitarista. Es esa que dejan caer, no digo yo que con mala intención, quienes “se entristecen por la pérdida de nuestras costumbres y tradiciones”. Sí de las nuestras.

Y me pregunto yo… ¿las costumbres y tradiciones de quién? Yo no identifico como mía la costumbre de ir al cementerio a “adecentar” la tumba de ningún antepasado con fecha fija, una vez al año.  Yo me acuerdo de mis muertos más queridos cuando menos me lo espero. Me acuerdo de mi padre cuando gana el Barça, o cuando paseo por algún lugar que sé que le gustaba, o cuando sale Galicia en la tele, en miles de detalles y ocasiones… y le dedico mi recuerdo.  Y me acuerdo de mi suegro cuando me como un chuletón con un buen vino, como a él le gustaba. Y me  acuerdo de mi hermana que no conocí porque murió antes  de yo nacer por el dolor de mi madre que no la ha abandonado ni un sólo día desde entonces.

No, yo no necesito un día de los difuntos para acordarme de los míos. Ni quiero que nadie tenga que venir a acordarse de mí una vez al año, ni a cuidar mi tumba cuando yo ya no esté entre los vivos. Yo no doy por mía la necesidad de oir misa por todos los santos. Bueno de oir misa a secas. Respeto a quienes sí lo hacen, pero no es mi costumbre, ni mi tradición. Tampoco me gusta darme un hartón de castañas asadas. Prefiero pasear entre castaños, cualquier día de otoño sólo por pasear. Y prefiero el Whisky o el Ron  al Anís  y el Aguardiente ¿Quiere eso decir que no soy uno de los vuestros? ¿uno de los suyos?¿uno de cuáles?

Cuando la pertenencia al grupo se empareja con la exigencia de respeto  ciego a  las normas y usos, a la costumbre, a la tradición, se produce la asfixia, se impide el crecimiento como personas dueñas de su destino a los miembros del grupo, se somete la libertad del individuo a la supervivencia del  imaginario ideal del grupo. Frente a la tradición así entendida no queda más salida que la  propuesta  por Serrat “escapad gente tierna que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dió ayer, (…)  si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas juro por lo que fui que me iría de aquí” (Pueblo Blanco)

¿Qué hay detrás de esa defensa de lo nuestro frente a lo del otro? Bueno pues hay para otro post.

Yo de momento disfruto de saber que hay otras formas de entender el mundo, la vida y la muerte. Que hay otras maneras de vivir el miedo, de expresar y de relacionarse con el más allá. Y hasta de no creer en el más allá. Pero la tradición, ninguna tradición  puede convertirse en un ancla que deje  varado al individuo entre los suyos y le impida ser y celebrar lo que quiera y como quiera. La tradición así entendida no permite salir de la tribu. No permite crecer al individuo. Y no hay ningún pueblo que admita que otra forma de ver el mundo es mejor que la suya.

¿Y cual debería ser el papel de la escuela entonces en este debate?

En mi opinión, dejar crecer. Ser neutral. No aferrar/se a ninguna “tradición”. Mostrar, dar a conocer, fomentar la curiosidad por saber cómo es la visión de  quienes vienen o viven en otros lugares, permitir que se hagan visibles, que se conozcan, “vivan” y se adueñen, hagan suyas otras formas de ver y entender el mundo y fomentar el espíritu crítico porque no todo uso, costumbre o tradición es asumible ni respetable por  el simple hecho de serlo. Algunas son abominables.

Esa visión de la tradición y la identidad sí me da miedo.

Pero seguimos otros día que ahora me voy a pasear, vivo en la Costa del Sol  (Británicos a punta pala) y sería un crimen no aprovechar la noche. Así que querido lector, si es que existes, con Serrat te dejo que “antes que nada soy partidario de vivir”.

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2 Respuestas a “Sobre Halloween, tradición, identidad y otros miedos.

  1. Benjamín:
    Me ha gustado mucho el enfoque que has dado en esta entrada y estoy de acuerdo con bastantes de tus opiniones.
    Yo también soy docente, y desde este objetivo lo veo de otra manera diferente a la tuya ya que imparto la asignatura de Inglés.
    De pequeña sólo podía disfrazarme en casa ya que el Régimen tenía prohibido el Carnaval. El Carnaval, en España es una fiesta de disfraces donde entra todo tipo y todas las categorías (muy diferente a Río, Venecia … ). Aquí, grandes y pequeños, pero sobre todo los pequeños, disfrutan de poder cambiar de identidad por un rato.
    Halloween, para los niñ@s, representa una fiesta de disfraces y les encanta como tal. Ningún niño o niña elegiría disfrazarse de bruja, fantasma, esqueleto o cualquir otro ser de terror en los Carnavales. Prefieren disfraces alegres, princesas, super héroes, etc… algo cercano a su entorno.
    En Halloween ven la posibilidad de acercarse al terror de una manera divertida. De hecho, en los países donde se celebra de forma tradicional desde los ancestros es considerada una fiesta alegre.
    Obviamente, existen muchas similitudes entre el Dia de Todos los Santos y Halloween pero también hay muchas diferencias.
    El 31 de octubre era el fin de año de la cultura celta. Era la noche donde las brujas y demás seres de otro mundo salían a las calles. De ahí la figura de la calabaza iluminada con la vela dentro. Se ponían junto a las ventanas para alumbrar las calles ya que no existía el alumbrado público y la gente estaba aterrada. No es cuestión de extenderme en la historia.
    La gente no va a los cementerios ni a la iglesia el día de Halloween. Para estos países que lo celebran, como Estados Unidos, es como para nosotros la celebración del Carnaval.
    En el área de inglés tenemos un bloque de contenidos llamado “Aspectos Socioculturales” y hemos de trabajar diferentes festividades (Easter, Pancake Day, Valentine’s Day, Saint Patrick, etc….)
    He comprobado, que cuando inicio el tema de Halloween en mis clases, los rostros de los alumnos se llenas de alegría y entusiasmo. Es muy motivador y aprovecho, como cualquier otro docente haría, esto que me brinda para introducir contenidos de mi asignatura.
    Como he dicho anteriormente, cuando yo era pequeña no existía el carnaval o al menos yo no conocía esa palabra, menos aún conocía Halloween porque tampoco se estudiaba inglés. En España hemos conocido Halloween en el momento en que el inglés ha llegado a las aulas.
    La fiesta de Halloween, yo creo, por lo que veo en mi entorno, salió de las aulas hace poco más de una década y gustó tanto a pequeños y jóvenes que la socidedad se ha aprovechado de ello para sacar rentabilidad económica.
    Hasta el curso pasado, en clase, elaborábamos guirnaldas con siluetas de figuras de calabaza, murciélagos, fantasmas, etc… Ahora, las venden en las tiendas de los 20 duros o los chinos.
    Como todo … se ha convertido en negocio.

    Un saludo.

    • Hola Mª José, gracias por haber dedicado parte de tu tiempo a leer(me). Y sobre todo muchas gracias por entablar este diálogo conmigo.
      Evidentemente estamos de acuerdo en lo esencial. Yo escribo esta entrada en defensa de la celebración de Halloween, contra la visión catastrofista que se está generalizando en los centros, y que se suelta con bastante ligereza, de un Halloween que se opone/atenta contra “la esencia de nuestras costumbres”. Yo creo como tú que es una fiesta que sirve, o debería servir, para quitar miedos, para divertirse, para desdramatizar la muerte. Y creo que como docentes también ha de servirnos, como digo en mi entrada, para trabajar. Se puede sacar mucho partido a cada celebración, desde lo más directo y evidente, como es tu caso, profe de inglés, aspectos sociocultarales de la lengua que están aprendiendo, vocabulario específico, lecturas en versión original, … a otras relacionadas con el consumo responsable, normas de comportamiento cívico, etc.
      A mí lo que más me gusta explotar de esta celebración (y de otras muchas) es la posibilidad de investigar, indagar, preguntarse muchos “porqués”, conocer la diversidad, de fomentar el respeto (crítico) por “lo diferente” (y por “lo nuestro”), de buscar puntos de encuentro. Si te apetece puedes echar un vistazo a una entrada de mi vieja bitácora, de cuando era profe de ATAL, del año 2007, en la que cuento lo que hicimos ese año para celebrar Halloween ( http://proyectoceipeltejar.blogspot.com/2007/11/celebramos-la-llegada-del-otoo.html ) verás tanto en el pdf donde se explican objetivos y actividades, como en el reportaje fotográfico que ésa es la línea que defiendo. La escuela debe aprovechar todo evento y convertirlo en educativo. Aquel año, como bien dices, pusimos mucho énfasis en “quitar miedos” y por eso la fiesta estaba presidida por un cartelón con el lema ” de fantasmas, brujas y otros sustos, yo me río muy a gusto”
      Por cierto me verás disfrazado, como decía al principio del post, de vampiro, porque se terció hacerlo y mereció la pena.
      Un afectuoso saludo.
      Benjamín

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