A propósito de la crisis. Regreso a mis orígenes… ¿o será que me hago viejo?

Siempre he sido ave de vuelo al frente, TICtiritero en constante camino, poco dado a volver la vista atrás. Cuando me marcho de un sitio raramente vuelvo. Disfruto el presente, con la gente con la que estoy en el momento. Comparto con ellos mi vida, mis alegrías, mis penas, y cuando toca cambiar de rama alzo el vuelo.

No es que no recuerde con cariño a quienes ya no están, o a quienes quedaron lejos. No, no es eso. Pero así vivo. Y he sido feliz hasta ahora sin demasiadas añoranzas ni miradas al retrovisor.

Hace unas semanas un viejo conocido me localizó a través de una de esas endiabladas redes sociales. Hacía más de 35 años que no teníamos noticias el uno del otro. Le daba mucha alegría haberme encontrado, comprobar que sigo vivo (a mí también, claro). Me invitó a participar en un grupo que habían creado como punto de encuentro de todos los que alguna vez habíamos compartido aquellos tiempos, aquellos espacios. Acepté. Y empecé a encontrar detrás de barbas blancas, calvas ilustres  y barrigas prominentes algunos rostros que me eran familiares.

Arrugadas, ajadas que diría el poeta, se  plantaban en la pantalla de mi ordenador caras de quienes en un tiempo participaron de mis aventuras infantiles y rieron, lloraron y soñaron que cambiarían el mundo. Me ha emocionado el reencuentro con algunos. Me ha traído a la memoria esa parte de mí que yacía olvidada en algún cajón oculto de no se que parte de mi cerebro. O de mi corazón. He dedicado algunos ratos hasta altas horas de la madrugada a escribirles, y a leer lo que me cuentan. Hemos vuelto a reirnos juntos de cosas que nos hicieron mucha gracia hace ya tantos años.  Y he llorado. Sí, he llorado al reconocerlos y al reconocerme en ellos. Al constatar algunas ausencias. Al constatar así, de golpe y porrazo, que han pasado 40 años de vida.

Y he recordado cómo vivíamos entonces. Cómo era yo con 15  y con 20 años. Y me ha venido a la piel aquella mezcla de miedo y de ilusiones compartidas. El régimen daba sus últimas dentelladas, agonizante, al tiempo que lo ataba y bien ataba todo en previsión de la más que cercana muerte del dictador. Miedo. Eso era lo que querían que tuviéramos. Miedo a todo. Aunque lo llamaban respeto. Nuestros mayores venían de una larga y oscura noche,  y nos lo transmitieron hasta con la sopa (en la leche templada y en cada canción que dijo Serrat).

Sin embargo recuerdo que el miedo no nos paralizó. Las ansias de libertad pudieron más que cien mil grises y sotanas armados de porras y crucifijos. Contra palos y amenazas de condenación eterna tuvimos la suerte de vivir un momento histórico en ese instante de nuestras vidas en que todo se conjuraba a nuestro favor. Éramos jóvenes y la primavera estallaba en España tras tan largo invierno.

Cayó la dictadura. Contribuimos a la llegada de la democracia. Y creímos que la guerra se había ganado. Criamos a nuestros hijos convencidos de que todo sería mejor para ellos porque tenían la suerte de haber nacido en un mundo libre.

Luego vino la incorporación a Europa. Y nos sentimos europeos. Y viajamos. Hemos viajado lo que nuestros padres no pudieron. Y el boom económico. Los españolitos ya no éramos los pobres del sur que se tenían que buscar la vida en el norte. Los emigrantes regresaron. Y empezaron a llegar inmigrantes. Y nos creímos los reyes del mambo.

Nuestros hijos podrían ser lo que quisieran. Los educamos en el convencimiento de que estudiar era la mejor forma de prepararse para el futuro. Han aprendido idiomas, se han formado y han viajado más que nosotros. Han mamado los valores de igualdad de género, de respeto y fomento de la solidaridad … Y son la generación con más títulos universitarios y más formada que nunca antes hubo en nuestro país.

Pero son la juventud con mayor índice de paro de Europa. Se están marchando a trabajar en Alemania, Suiza, Francia o la Gran Bretaña como antes lo hicieron nuestros padres, tíos y abuelos.

Así que ahora, tras cuarenta años, vuelvo a ver que los jóvenes tienen tanto por lo que luchar como nosotros en aquel entonces. O más. Y a mis años me aterra sólo una cosa: comprobar que los gobernantes de hoy sí están consiguiendo paralizar a la sociedad civil a base de miedo.

Nosotros teníamos, en general, poco que perder y mucho que ganar.

Hoy tengo la impresión que la batalla es más por intentar conservar, por perder lo menos posible. Por un “virgencita que quede como estoy”. Hemos llegado a unos niveles de consumo que nos han convertido en esclavos de nuestro “aparente” bienestar. Y los derechos sociales (educación, sanidad, libertades…) que tanto costó conseguir están siendo destrozados con excavadora como solución para satisfacer a los “mercados”.

Y no reaccionamos porque estamos atenazados por el miedo. Miedo a que sea peor si no hacemos lo que nos dicen.

Nos han convencido de que no hay otra salida. Y somos marionetitas que se quejan por las redes sociales, que hacen chistes y se ríen de gobernantes, financieros y burócratas que nos están hundiendo cada vez más en la miseria. Nos conformamos con que cada viernes los tajos del Consejo de Ministros no nos lleguen a nosotros. Asumimos que hay que recortar, mientras no nos toque directamente. Lo malo es que ya nos toca a todos. Pero estamos anestesiados.

Desde aquél niño, desde aquel joven que fui, han pasado muchos años. Y hasta hoy me he sentido en general satisfecho de mi aportación, una entre millones, al bienestar que habíamos conseguido. Hasta hace bien poco estaba moderadamente satisfecho de mi paso por este mundo. Pero empiezo a pensar, si esto sigue por los derroteros que lleva, que nuestros hijos bien podrán acusarnos de dejarles un mundo mísero, peor incluso que el que heredamos. Difícilmente podrán alcanzar siquiera el nivel de vida y los servicios públicos de los que hemos llegado a gozar nosotros.

Y esto sólo podrá revertirse si, y solo si, los ciudadanos tomamos conciencia de tres cosas:

1) Que la fuerza de los poderes que nos machacan es mayor cuanto mayor es nuestro miedo.

2) Que es mentira que haya una única solución para atajar los problemas de nuestro país y/o de Europa. Y mucho menos que la solución sea la asfixia a la que nos están sometiendo. Hay otras soluciones y hay que exigirlas.

3) Que toda esta crisis es una gran estafa a gran escala y que nos estamos dejando estafar.

Así que no me ha venido mal echar este vistazo al retrovisor. Recordar de donde venimos. Y seguir mirando al frente con energías renovadas. Porque aunque me hago viejo, soy consciente de que si no hacemos algo seremos responsables de permitir que les roben el futuro a nuestros hijos, a nuestros nietos y a los nietos de nuestros nietos. Y no estoy dispuesto a cargar con eso.

Pero vosotros,  jóvenes que hoy tenéis 20 o 30 años,  si no alzáis vuestra voz, si no os plantáis frente al poder y le demostráis que no le tenéis miedo, si al grito de basta ya no exigís un cambio de rumbo, entonces… Entonces vosotros también seréis en parte responsables de la miseria que os va a tocar vivir.

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23 Respuestas a “A propósito de la crisis. Regreso a mis orígenes… ¿o será que me hago viejo?

  1. Oye, no entiendo como esta entrada no tiene miles de millones de comentarios.
    Te quiero, precioso.

  2. ¿viejo tu? ¡¡ya quisieran muchos jóvenes ser tan viejos como tú!!

    Un beso… ¿cuando la liamos?

  3. Cuánta razón en tus palabras y cuánta rabia al ver a los jóvenes de mi alrededor tan sometidos e institucionalizados… Yo también me frustro día a día al comprobar cómo, en la universidad, hay miles de fantasmas sin cadena que sin embargo andan encadenados…
    Gracias por compartir estas reflexiones.
    Un saludo. @DanLazaroz

    • Gracias Daniel por leerme y comentar. Así va la cosa. Apalancados, asustados, alienados, … y como únca salida, salir del país a buscarse la vida. ¡lástima de generación!

  4. Yo también pienso como tú. No nos ha de paralizar el miedo. Salud.

  5. Gracias por tu lucha y gracias por invitarnos a luchar. Un abrazo.

  6. Por cierto, la chica de la foto es Piluca ¿no? pedazo de foto preciosa y sugerente.

    • Si Carmen, ella es. Cuando teníamos unos insultantes 18 añitos y todo un mundo por explorar, por cambiar, … Ha llovido un poco desde entonces. Pero veras que ella sigue siendo igual de hermosa. Igual de ilusionada. Igual de comprometida. Y lo que es mejor, con mucha más experiencia.

  7. República Independiente del Norte de África

    “Lo poco espanta y lo mucho amansa”, dice el refranero español. Pues ya han logrado el amansamiento general.
    Y esto es lo peor de la crisis, la resignación aceptada de nuestra juventud. (Aunque nosotros también somos parte de la causa de esa resignación porque hemos educado a nuestros hijos en el convencimiento subconsciente de que la “abundancia” es el estado natural de las cosas y que siempre les vendrá dada.)
    Y sí, si somos más viejos Benjamín, pero eso nos da más experiencia y más perspectiva histórica para poder analizar mejor los acontecimientos actuales.
    Un abrazo y que nunca logren amansarnos, que los “viejos”, en eso, somos fáciles.

    • Gracias por pasarte por aquí y dejarme tus reflexiones Chicho. Si, algo de culpa tendremos tendremos. Vamos a expiarla manteniendo la voz clara y el espíritu dispuesto a seguir siempre adelante. Un abrazo

  8. Benjamín,

    has hecho un gran reflexión que además has sido capaz de plasmar con sencillez y profundidad a la vez. Me has despertado todavía más sentimientos que rondan por mi mente desde que “la cosa” (y no me refiero a Ben Grimm) empezó a ponerse fea. De todo lo que comentas me quedo con lo que más me preocupa de esta situación:

    “Que toda esta crisis es una gran estafa a gran escala y que nos estamos dejando estafar.”

    ¡Pero TELA!

    Por lo demás, es un placer leerte, aprender de ti, y te comentaré que personalmente… sufro, pero disfruto mirando por el retrovisor.

    Un abrazo de tu amigo Leónidas.

    • Gracias compañero por tu aportación. Tu precisamente eres de los jóvenes que tiene que ir tirando ya del carro. A nosotros ya mal que nos pesen nos pueden fastidiar los últimos añitos de curro y la jubilación, qe no es poco, pero a vosotros… A vosotros os queda toda una vida. Y se puede hacer muuuuuyyyy laaaaarga.

  9. Muchas gracias por pararte a mirar atrás. Tu generación se dejó muchísimo en conseguir lo que tenemos (la parte social); a la mía le toco mucho menos, aunque alguna cosa tuvimos que pelear. Pero la edad no es la de mis padres, que ahora tienen más de 70, y entonces estaban en sus 30. que pese a todo siguen yendo a cada manifestación, a cada acto de protesta que se convoca, pero en retaguardia, dejando que sean los jóvenes los que organicen, los que lleven la voz cantante. Mucho que aprender de esa generación…

    Coincido con el comentario de Chicho, y por tanto, creo que hay que caminar con los más jóvenes, apoyarles, asesorarles si lo necesitan, utilizar nuestra experiencia para potenciar, para sacar lo mejor de todo esto, en vez de para hacerle la sopa boba a los cuentistas y terroristas de estado.

    Gracias, Benjamin, un placer leerte, y una fuente de energía.

    Un abrazo estrecho, estrecho.

    Maria

    • Qué fantástico mantenerse vivo y con energías a esa edad. Tus padres son envidiables. Si, estoy de acuerdo con vosotros. Hay que mantenerse dispuestos a colaborar, pero ahora el reto es de ellos. Si los jóvenes no espabilan lo tienen crudo. Muy crudo. Yo, como tus padres, mientras tenga energía, listo para dar un paso al frente. Eso si, ya en tercera o cuarta fila.
      Gracias Amiga por pasarte por aquí y por tu comentario.

  10. manolo mellado

    Coincido contigo. Con dos hijos que están condenados a perder 5 o diez años de su vida terminados sus estudios y sin posibilidad de realizarse como personas autónomas e independientes me afecta además a nivel personal. Empezaremos llenando la red de alternativas a las medidas injustas y discriminatorias que se están tomando. Y además nos iremos sumando hasta ser mayoría para desbancar a quien defienda la injusticia como forma de superar la crisis

    • Si Manolo, nos unimos, pero a qué. ¿Donde hay un germen activo, vivo, con capacidad de empezar a romper esta dinámica endiablada de miedo, parálisis y huida?
      Bueno, siempre nos quedará París. A ver si es verdad que los socialistas franceses cambian la tendencia y Europa afloja la soga.
      Gracias por tu comentario.

  11. Me gusta mucho tu entrada, está llena de esperanza y mueve a la acción. No le interesará a mucha gente, pero te cuento una breve historia, menos poética. Mi padre, por lo que intuyo algunos años mayor que tú, no tuvo tiempo para correr delante de los grises: estaba trabajando en una cantera en Suiza. El padre de mi novia tampoco: seguía instrucciones (sí, era uno de esos grises). Gracias de todas formas por lo que conseguisteis en su momento los que sí pudisteis protestar, TICtiritero, ha servido para que las ilusiones crecieran. Vuestra lucha sirvió, mereció la pena. De verdad, me gustaría pasar a la acción pero … muchas veces uno se siento cansado de intentar “alzar la voz y plantarse frente al poder”. Yo prefiero hablar de otras cosas, no de poses. No es miedo como sugieres, es tal una mezcla de frustración e impotencia. Protestar (más) no me va a dar de comer. Ahora sólo me planteo la “supervivencia” e intentar no perder por el camino muchos de los principios que seguramente tú y yo compartimos. Y eso me lleva a estar casi haciendo las maletas ya para irme al extranjero dentro de poco más de un mes … Muchos jóvenes y no tan jóvenes nos iremos. Lo siento, pero os va a tocar alzar la voz a los mismos que lo hicisteis hace años, porque los que nos vamos estaremos demasiado lejos para que se nos oiga, nos dolerá lo que pasa en España pero no podremos hacer mucho desde allí … Un saludo

    • Gracias por tu opinión. Siento que estés pensando en marcharte, sobre todo porque de tus palabras se intuye que no es una marcha deseada. Tienes toda la razón. Se trata de sobrevivir. Gente preparada como tú que tiene ya como única expectativa salir de aquí es un derroche que como país no podemos permitirnos. Más que cualquier recorte, lo que nos va a empobrecer de verdad es la cantidad de talento que se nos va.
      Hablando de otra cosa, no fue nada poético sobrevivir en mi época. Quizás lo parezca ahora al contarlo. Me gustaría charlar contigo de muchas más cosas. De que tu padre y tu suegro también fueron víctimas de aquella dictadura, de aquella España de maletas de cartón y alpargatas. De que sí, si están ganándonos, tu dices que no es miedo, bueno quizás, llámalo frustración, llámalo como quieras… Solo te dejo un video que tal vez conozcas, si es así disculpa. Si no, comprobaras en él como realmente nos están manejando y aprovechando esta “crisis” paa desbalijarnos. http://www.youtube.com/watch?v=zB3YYj6R9ds&feature=youtube_gdata_player
      Un abrazo, y suerte. Te deseo toda la suerte del mundo.

  12. Lo siento, hay varias erratas, pero lo escribí corriendo, por la necesidad de escribir una respuesta, y no lo revisé. Donde dice “uno se siento” quise decir “uno se siente”. Donde dice “es tal una mezcla” debe decir “es tal vez una mezcla”. Perdón por escribir con tanta precipitación.

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