Archivo mensual: febrero 2013

ON MY WAY TO EABE13 – INTERCULTURALIDAD / ATAL Y ÉXITO ESCOLAR

Quienes me conocen saben que suelo quedarme poco en los sitios. Por mucho que me gusten. TICtiritero soy y me gusta más el sendero que la estancia. Nunca me gustó “apoltronarme”. Y no lo digo como mérito. Muy al contrario, tal vez sea mi peor defecto: la inconstancia.

Ni me quedo mucho tiempo, ni suelo regresar.

Ya he comentado aquí en anteriores ocasiones, que no soy muy amigo de andar pendiente del retrovisor. Sin embargo, de vez en cuando me detengo a repasar por donde he ido, por donde ando y, sobre todo, a otear el horizonte para valorar hacia donde me están llevando mis pasos. Por si hubiera que rectificar. Por si hay que afirmarse en lo andado. Por si hubiera que desandar y volver a andar. Que en eso no me puede la pereza. Y aunque suelo ir con rumbo firme, tampoco me importa rolar de cuando en cuando.

No me desagrada el cabotaje, pero no hay nada como navegar en mares abiertos.

Y en eso andaba. Haciendo mi camino. Como mucha buena gente hacia esa cosa que ha dado en llamarse EABE 13 (Encuentro Andaluz de Blogs Educativos). Aunque ya ni es solo andaluz, ni es solo de blogueros, ni es solo un encuentro.

¿Y educativo? Bueno, para ser sinceros, a esta gente, y la conozco de cerca,  le va  la gastronomía (no hay más que ver los nombres de los nodos). Les encanta un buen plato y un buen vaso. Les va la juerga. Les va una buena reunión de amigos. Pero sobre todo, a quien se embarca en EABE le interesa “LA EDUCACIÓN”.

Así, con mayúsculas. La gente EABE es gente comprometida. Es gente innovadora. Con ganas de aprender y de compartir. De hacer de sus colegios, de sus  institutos y de sus aulas lugares mágicos donde aprender no sea un suplicio. Donde “la letra no entre con sangre”, donde aprender sea un disfrute. Y sueñan con que sus alumnos y alumnas lleguen a ser  buenas personas. Ciudadanos y ciudadanas responsables, autónomas y felices.

Si yo he aprendido algo en mis ya muchos años de dar tumbos por la escuela es que, como cantara Violeta, lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento.

A finales de los noventa, primeros años del siglo XXI, empezaba en este país nuestro una llegada (tildada de “masiva” por algunos media con claro afán de asustar)  de gentes de otros lugares del mundo. Las escuelas se empezaron a llenar de niños y niñas que hablaban otras lenguas, que tenían otras costumbres, … Nos pilló desprevenidos. Y yo, fiel a mi inconstancia, tuve la suerte de poder volver a cambiar de puesto. Me embarqué en los programas de atención a ese alumnado. Y los versos de Violeta me estallaron con violencia ante los ojos, los oidos, la piel…

Si un niño, una niña, siempre necesita afecto, imagina lo que necesita quien, acompañando a sus padres en la aventura vital de buscar un futuro mejor, acaba de perder su mundo de certezas cotidianas y aterriza lejos de su casa, de amigos y familiares, en una escuela que no lo/la comprende, donde no entiende la lengua, ni las costumbres, ni tiene amigos/as en los que apoyarse, ni puede mostrar cuanto vale, cuanto sabe,…

Integrado en el equipo de aproximadamente 300 profes de ATAL / Interculturalidad de Andalucía, esos niños y niñas fueron durante unos años el objetivo fundamental de mi trabajo. Que aprendieran la lengua, que se sintieran bien aquí, que se sintieran queridos, queridas. Y que el resto de la comunidad escolar se hiciera más permeable a los cambios que esta nueva situación comportaba, más “tolerante” (aunque el término no me termina de gustar). Conseguir que nuestros centros fueran lugares de encuentro, lugares donde quepan todos y todas: Difundiendo mi convencimiento de que lo que nos hace diferentes no es el lugar de donde venimos, ni la lengua que hablamos o la religión que profesamos, ni las ropas que usamos o que no usamos.

Somos diferentes porque cada persona es única e irrepetible, como dice la profe de Interculturalidad del Chaparral. Porque todas, todos, somos diferentes. Y ojalá fuéramos capaces de ir remando al mismo compás.

Así que uniendo lo uno con lo otro – mi camino hacia el EABE, mi paso por las ATAL y la necesidad de saber si la “derrota” es la correcta – me atrevo a compartir aquí este documental que he elaborado como ejemplo del esfuerzo titánico que estos chicos y chicas han realizado, realizan cada día, para labrarse un futuro, una identidad (que como todas es múltiple), orgullosos/as de sus raíces y perfectamente capaces y adaptados/as a su nueva situación.

Para afirmar que sentirse “queridos/as” en su paso por nuestras aulas les ayuda a superar las dificultades.

Espero que te agrade querido/a lector/a si es que existes. Y que me dejes tu comentario.

Mi agradecimiento a todas las personas que han hecho posible el video está expresado en los créditos finales y no los repetiré  en este post porque se haría interminable, aunque sí quiero especialmente mencionar al muy ilustre eabero @balhisay por su amabilidad al prestarme su cálida voz.