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Jornada de Convivencia Intercultural (sin número)

Hoy se ha celebrado la Jornada de Convivencia Intercultural en mi antiguo cole. Donde yo era el profe de ATAL. Y cuando María José, quien ocupa ahora mi lugar, empezó a “organizarla” me preguntó qué número sería ésta no pude decírselo.

– He estado buscando entre los papeles viejos, carteles de anteriores ediciones – me dijo- y no encontré número alguno. Y estaba en lo cierto. No pude decirle número ni ella lo pudo encontrar sencillamente porque desde muy pronto dejamos de numerarlas.

– Bueno y ¿cómo lo hacías? ¿me echarás una mano? – me decía agobiada.

– No te preocupes. Habla con las madres. Sal a la puerta una mañana y comenta que se acerca la fecha, convoca una reunión con ellas y déjate llevar.

Nacieron las Jornadas, hace ya unos años, para fomentar el conocimiento mutuo, la convivencia entre padres, madres y alumnado.

Agobiados por la incesante llegada de personas de otros lugares del mundo nos pareció necesario montar esta actividad para facilitar el encuentro, propiciar la visibilidad de quienes hasta entonces eran invisibles, permitir que chicos y chicas se sintieran orgullosos de “sus raíces”, y que se pudieran mostrar… que se generaran lazos de amistad entre padres y madres de alumnado, y que se acercaran al colegio de sus hijos, a trabajar juntas por algo común.

A las madres, padres, alumnado y profesorado, les encantó el formato con que echamos a andar en esto de la interculturalidad: dedicar un día a la fiesta, compartir bailes, música y comida, y disfrutar de una linda jornada festiva. Y así se institucionalizó. A las madres (especialmente ellas llevan las relaciones con el centro) se les pidió participación, se les abrieron las puertas y se las dejó hacer. Y se sintieron a gusto. Esta actividad se convirtió en algo mágico en el colegio.

Nuestra Jornada muy pronto evolucionó, se amplió mejor dicho, hacia una semana cultural, con menos énfasis en los “hechos diferenciales”, y más preocupada por generar dinámicas de participación conjunta en actividades de tipo general, en la vida del centro. Y poco a poco llegamos al convencimiento de que lo que realmente importa es la convivencia a lo largo de todo el año, todos los años. Que la actividad “intercultural” ha de impregnar toda la vida del centro, todo el currículo, a lo largo de todo el curso. Por eso yo, intencionadamente, dejé de dar importancia a la “edición” y dejé de numerarlas. La Jornada Intercultural es la misma desde que empezó. Es una. Que empezó hace años. Que no ha terminado. Que no puede acabar.

Cuando dejé el colegio me lo recriminaron porque habían personalizado en mí  la organización de esos actos y pensaban que se vendrían abajo. No eran conscientes de que realmente son ellas el alma de ese movimiento. ¡Qué dificil es asumir que no hay nadie imprescindible!  La misma compañera de ATAL que me sustituyó se subestimaba, pensando que ella no sería capaz de organizar la actividad como se venía haciendo hasta ahora. Y era verdad. Ni ella, ni yo, ni nadie. El grupo, la fuerza está en el grupo cuando es consciente de lo que puede hacer.

Hoy he pasado un buen rato en el cole.  Y he disfrutado como un crío con zapatos nuevos. El encuentro, la jornada, no sólo se ha mantenido sino que ha mejorado en participación y variedad. Cada vez se mezcla más la gente. Cada vez es más mestiza. Y la fiesta tiene vida propia.

La Jornada Intercultural del CEIP El Tejar hoy no es el punto de partida para fomentar nada, ya no hace falta. Es el día que deciden juntarse y celebrar que se conocen, que se gustan, que ha llegado el buen tiempo y que comparten mucho más de lo que los diferencia. Y festejan y reivindican un mundo mejor, más justo, más igualitario. Y disfrutan y se divierten juntas haciendo pasar un día fantástico a sus hijos e hijas, que son lo que más les importa en este mundo.  Todas las madres son antes que nada madre. Y lo saben, y lo comparten. Y en eso no hay colores, ni razas ni historias.

Mi enhorabuena a todas. Especialmente a Mª José y a la dirección del centro. Por su buen hacer, y por entender que para organizar esta actividad, como cualquier otra, en el cole no hay nada como abrirle las puertas a la familia.

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Jornada Intercambio Experiencias Competencias Básicas


Llegó el 27 de mayo.

El pasado jueves realizamos en nuestro CEP la última sesión de las Jornadas de Capacitadores en Competencias Básicas. Estuvo dedicada a que los grupos mostraran su experiencia a lo largo del año y su tarea. Nos supo a poco la exposición de los trabajos realizados.

Algunas conclusiones:

  • Es posible trabajar las CCBB a través de Tareas Integradas.
  • Exige mucho trabajo, mucha coordinación, equipos cohesionados y con ganas.
  • Es posible realizarlas también en Secundaria. Hay más dificultades para coordinar horarios, equipo, departamentos, … pero es posible.
  • Nuestros centros han diseñado y puesto en práctica Tareas de una altísima calidad.
  • La experiencia es gratificante para el alumnado y para el profesorado.

Nuestros amigos Miguel Ángel Ariza y Fernando Trujillo, con su habitual buen humor, cerraron la actividad con un mensaje de ánimo “muy iCOBAE” para los y las asistentes: SHOW MUST GO ON.

Nosotros dispuestos. El próximo curso más.

Pinchando aquí puedes descargar las fotos y debajo puedes ver un montaje-resumen-recuerdo-conclusión en video:

Mi Internet

Sinclair Spectrum ZX

Retomo mi bitácora. La retomo, la rebautizo, la renazco, … dejemos descansar a la anterior.

Animado por la invitación de educ@conTIC para celebrar el Día de Internet, os cuento mi relación con la Red, que, como no soy tan joven como mi amigo “Meteco” que anda por el mundo deestranjis viene ya de hace unos cuantos años.

Debió ser allá por el curso 82/83 cuando compré el primer ordenador: un Sinclair Spectrum ZX de 48 K. Con teclas de goma, que duraron bien poco. Era de los primeros que llegaba al pueblo. Y todavía me acuerdo de las carcajadas de mis compañeros cuando les contaba todo lo que en un futuro cercano se podría hacer con esas máquinas. Yo había participado el verano anterior en un curso con la gente del Instituto Somosaguas -NNTT y MAV’s (nuevas tecnologías y medios audiovisuales) donde un tipo increíble, lástima no recuerdo el nombre, nos había contado que los americanos disponían ya de tecnología capaz “de fotografiar desde sus satélites el reloj de un paseante en cualquier lugar del mundo“.  Él juraba haber visto una tomada a un turista en la Plaza del Vaticano “…y se distinguía la hora“.  También nos contó que se estaban empezando a diseñar rutinas para “las computadoras” que harían que los niños y niñas aprendieran de forma más amena, se conectaran con el mundo, se cartearan con los de otros colegios. Tendrían  en unas cuantas cintas de cassette la información de millares de libros, y acceso a las bibliotecas y museos, …” cuando empiecen a llegarnos los deshechos de la industria militar -decía – cuando le empiece la industria civil a ganar dinero, a convertirlo en producto de consumo masivo”,

Yo, pobre TIC-tiritero, me lo creía todo. Y se lo contaba a mis compañeros, serios señores maestros de toda la vida, de pueblo pero ilustrados, que se reían de mí a carcajada limpia, y me escuchaban como al gracioso que cuenta un chiste.

Los programas y juegos, que venían en cintas, se instalaban desde un cassette externo. Pero lo mejor, lo que me hizo perder horas y horas de sueño fue la aparición de la revista microhobby, que empezó a publicar esas rutinas (código máquina decían – Basic lo llamaban otros) que había que teclear renglón a renglón.

Pude preparar pequeños programas para jugar con las mates o la ortografía, y para que jugaran mis niños… Y disfrutaban. Y yo también.

Luego llegaron aparatos mejores, con más K, sí Kb. El mega no se había inventao todavía. Y  El Corte Inglés fabricó los primeros con teclas de verdad, con el cassette incorporao y 128 Kb. Y luego con disquetera y empezó la cosa a ir a buen ritmo. No te digo ná cuando salieron los primeros 256. Con aquella pantalla verde. Nada de conectarlo a la tele. Y cuando las pantallas fueron a todo color ya fue la hostia.

Era curioso. Recuerdo que llegando los noventa siempre había algún aparato “top gama” en torno a las 250/300 mil pesetas. Que al año, año y medio siguiente ya estaba obsoleto.

Y llegó el Plan Alhambra, y se empezó a hablar de la introducción del ordenador en el aula,… y mis compañeros se siguieron riendo a carcajadas. ¿Cómo? El maestro es el maestro. Y todas esas pamplinas de vídeo y computadoras no eran más que jueguecitos que no valían pa ná.

Con los 90 llegó Internet. Y se me abrió otro mundo. La capacidad para investigar, encontrar información, aprender, aprender, … Me inicié en la creación de páginas web y blogs y me sentí crecer. Y lo que es mejor. Pude ver que había mucha más gente que trabajaba mucho y muy bien con las TIC.

Llegado el S XXI,  gracias a Internet, mis alumnos y alumnas (mis “guiris”) nos enseñaron su mundo a mí, a sus compañeros y a sus compañeras. Y pudieron conectar con sus amigos, a miles de kms desde clase. Y colgaron sus trabajos para que sus abuelos y tíos vean lo bien que trabajan. Se han motivado, han escrito para que los/as lean, han creado una radio,…

Y luego llegó la web 2.0, y las redes, y el twitter, y he conocido a más y más gente que sueña, como yo, con una escuela en la que todos y todas trabajemos en red, conectados, completándonos unos a otras, compartiendo. Gente de la que aprendo cada día algo.

Hace ya mucho tiempo que ver el reloj de un turista fotografiado por un satélite no sorprende a nadie. Podemos pasear por cualquier ciudad gracias al cochecito de Google sin movernos del sillón. Los GPS nos guían hasta el fin del mundo. Podemos hablar con nuestros amigos viéndonos las caras estén donde estén. Podemos instalar nuestra propia emisora de tv y retransmitir cualquier evento con un portátil y una conexión. Vivimos un mundo que ni en mis mejores sueños pude vislumbrar. Que me sigue sorprendiendo. Que me estimula.

Pero todavía oigo a mi alrededor cierto murmullo de risotadas de quienes (“objetores informáticos”) siguen defendiendo que todo esto no son más que pamplinas y pérdidas de tiempo que impiden “dar el programa”.

La diferencia está en que ahora yo no soy “el raro”. Yo empiezo a ser la norma, uno más del montón. Que sigue creciendo. Que sigue buscando(se).